—Hola líderes de la Cienciología —decía una voz metálica, parecida a la emitida por el sintetizador de la silla del astrofísico Stephen Hawking—. Somos Anonymous. Durante años hemos observado sus campañas de desinformación, su supresión del disenso, sus videos propagandísticos en los principales medios. Anonymous ha decidido que su organización debe ser destruida por el bien de sus seguidores, por el bien de la humanidad. Los expulsaremos primero de la red y luego desmantelaremos su iglesia. No tienen dónde esconderse. Porque estamos en todos lados. Por cada uno de nosotros que caiga, diez más tomarán su lugar. Somos anonymous. Somos legión. Nosotros no perdonamos. Nosotros no olvidamos.
Esa misma tarde aparecieron en América Noticias, que había cubierto el evento junto a mí, entonces trabajando para el desaparecido diario Crítica de la Argentina dirigido por Jorge Lanata. Pero no alcanzó para que muchos de los vecinos se enteraran de que había sido la primera vez que los cinco —ellos y ella— se veían cara a cara, después de horas de mails, chats, mensajes virtuales y firmas furtivas.
Una vez que estuvimos sentados en las sillas del primer piso, Petete, treinta y pico de años, también se sacó la máscara y me contó que había sido oficinista y que ahora trabajaba de webmaster.
—Hicimos esto para que los vecinos supieran al lado de quiénes viven —me dijo mientras tomaba una Coca-Cola gigante—. La mayoría de las personas cree que es una religión cool, de las estrellas de Hollywood. Es cierto: todos, aunque tengan millones de dólares tienen necesidades afectivas. La Cienciología pega por eso: capta a la gente ofreciéndoles soluciones. Primero los reclutan con test de personalidad gratuitos. Mucha gente dice que sí y se sientan y les hacen 200 preguntas y les identifican sus puntos débiles para decirles que están enfermos o en problemas o con ganas de matarse. Te asustan y cuando te das cuenta ya estás adentro.
Después de hablar, antes de que pudiera hacerle preguntas, se levantó y me dijo que los disculpara, tenían que irse. Y se fueron.
Mientras lo esperaba pensé si Petete querría usarme como portavoz para salir en los medios, si buscaba adoctrinarme o sumarme a las filas de la versión local de Anonymous. Ganas no me faltaban.
En estos dos años, los enemigos de Anonymous se habían multiplicado y diversificado. Los miembros de la organización habían sido acusados de piratas y ciber-terroristas, antes y después de unirse a las protestas globales contra la ley estadounidense antipiratería SOPA. Tras el cierre del sitio Megaupload, gente que dice ser Anonymous atacó a las discográficas “para que aprendieran”. Luego del escándalo de WikiLeaks, varios de sus miembros tumbaron los sitios web del Departamento de Justicia de Estados Unidos, la CIA y el MI6. Y en sintonía con los Indignados españoles y los okupas de #OccupyWallStreet hicieron tambalear a la Bolsa de Nueva York, amenazaron con cerrar Facebook y colapsaron la web del Vaticano. En algo más de dos años, Anonymous había mutado. Se había convertido en otra cosa.
—Nos volvemos a ver —dijo detrás de mí una voz. La misma voz de “¡Epic win! ¡Epic win!”.
Era Petete, sin la máscara de Guy Fawkes pero escondido detrás de unos anteojos negros parecidos a los de Cyclops en las películas de los X-Men. Y su novia.
—¿Qué va a ser off the record y qué no? —me dijo—. Ojo, de mí no quiero contarte nada. Decí que mido dos metros, soy rubio y tengo músculos.
Petete no mide dos metros, no es rubio y no tiene músculos.
—Los pibes que conociste en 2009 fueron mi primera célula, la primera generación —dijo—. Al poco tiempo tuvimos problemas internos. Problemas de egos. Empezamos a chocar entre nosotros y pasaron a atacarme a mí y a otros en vez de luchar contra la secta. Hice un movimiento y con gente de otras partes del mundo le hicimos el vacío a un par de miembros. Y desaparecieron. Yo seguí trabajando: investigando, traduciendo, poniendo cosas en internet. Por eso me dicen Petete: mi misión es informar. A fines de 2010 volvimos como célula con más gente. Y eso que no es fácil conseguir nuevos integrantes.
Petete me contó que lo suyo se trataba de una segunda ola. A meses de la ofensiva viral de Anonymous en 2008, en la Argentina un usuario llamado Zambanón había intentado hacer una protesta contra la Cienciología. Nadie sabe qué pasó: no pudo reclutar a nadie pese a promesas de asistencia en internet, fue solo y salió mal. Petete intentó ubicarlo al saber de su existencia tiempo después pero no tuvo éxito.
—Yo lo primero que hice cuando descubrí Anonymous fue ver si alguien lo había intentado hacer en Argentina —me dijo— ¿Cómo se prepara esto acá? ¿Existe esto acá?, me pregunté. Este flaco, Zambanón, pobre, había intentado iniciar la movida pero no había podido juntar a nadie. Intenté reclutarlo pero ya estaba inactivo.
Un gato se nos cruzó en el camino. Petete suspiró.
— Yo vi a Anonymous nacer. Ahora todo es muy distinto. Antes muy pocos me escribían. Ahora todos los pendejos que se creen hackers me contactan para sumarse al grupo. Los sondeo. Tengo un instinto afilado. Algunos suenan muy espía. Llegué a pedir número de DNI. Siempre están los que se ponen agresivos. Algunos se quedan por un tiempo. Otros van y vienen. Otros van más a protestas. Están los que prefieren actuar en internet. El perfil es muy diverso. Hay quienes estuvieron en la secta y lograron salir. También hay muchos que quieren formar parte de Anonymous por una cuestión de moda, como los nenitos que quieren ser hackers y después terminan metiéndolos en cana.
Un video de Anonymous llamado "Call to action" también lo aclaraba: "No sólo somos un grupo de superhackers —decía—. Anonymous es un colectivo unido por la idea de que alguien debe hacer lo correcto, que alguien debe traer luz a la oscuridad, que alguien debe abrirle los ojos a la opinión pública. Queremos que se conozcan los peligros de la cienciología. Queremos que se sepa de la explotación infantil en sus gulags. Queremos que se conozcan los intentos de la cienciología de infiltrarse en el gobierno de Estados Unidos".
Petete es uno de los muchos miembros con verdadera militancia no-hacker de Anonymous Argentina y del mundo.
— Cada vez que salía un grupito hackeando o metiéndose en política dejábamos en claro que ellos no pertenecían a nosotros —dijo Petete.
A fines de 2010, cuando metieron preso al periodista y programador australiano Julian Assange aparecieron grupos de Anonymous que comenzaron a hackear a mansalva. El caso Wikileaks prendió la mecha en el grupo. Se declararon enemigos de los enemigos de Wikileaks y tumbaron a todos los que negaron su apoyo a Assange, como Visa, Mastercard, PayPal o Amazon.
—¿Viviste eso como una ciberguerra? ¿Qué se te pasó por la cabeza?
— ¿Sabés dónde está la tumba de Perón? —me gritó Petete de lejos.
Luego de alcanzarlos, le pregunté si había advertido algún cambio interno en Anonymous, una especie de golpe de estado desde el último cambio de rumbo.
—No. Anonymous no es organización piramidal o jerárquica donde se bajan órdenes. No hay líderes. Funcionamos en células independientes. Hasta fines de 2010 éramos un colectivo más homogéneo. En una conferencia, Gregg Housh, uno de los fundadores de Anonymous, dijo que la espada de doble filo de Anonymous es que cualquiera se puede calzar la máscara e izar la bandera y hacer cualquiera en nuestro nombre. Por como yo veo la cosa ahora, para mí hay desde grupos políticos tomando desde adentro a Anonymous hasta infiltrados de la Cienciología, nuestros grandes enemigos, que buscan destruirnos.
Frente a la tumba de Aramburu recordé haber leído en alguna parte que en 2011 habían surgido otros grupos locales de Anonymous.
—Sí —respondió Petete—. Nunca nos contactaron, cosa que es misteriosa, pero desde el principio nos robaron logos. Algunos nos linkean pero mezclando con ataques que no tienen nada que ver con nosotros. A mí me suena más a algo armado, para ensuciarnos. No sé. La verdadera lucha es contra la Cienciología. Para mí es contraproducente lo que hacen otros grupos de Anonymous en el mundo. No me parece activismo hackear sitios. No cambiás nada con eso. Te exponés a que te pongan en cana. ¿En España en febrero de este año y el anterior a cuántos perejiles atrapó la policía?
La respuesta: la policía detuvo a cuatro miembros del grupo en el marco de la operación internacional "Exposure". En América Latina fueron acusados otros 21 ciberactivistas de ser los presuntos responsables de ataques a páginas webs de partidos políticos, instituciones y empresas.
—No es cuestión de decirles: 'Chicos, sean buenos, no hackeen'. Cada vez se ponen objetivos más altos, más locos: hackear a la CIA, al FBI, Interpol. Y después caen. Por otro lado, no faltan los que quieren hacer plata con publicidad en sus sitios web o vendiendo máscaras mal hechas y feas.
La fuerza que mueve a Anonymous es la indignación. La voluntad por hacer lo justo cuando la justicia global parece haber fracasado. Pregunté si sus amigos sabían algo de su doble vida.
—Algo —contestó—. Saben partes. Pero mucho no lo entienden. Pasé por Greenpeace pero nunca sentí que fuera una causa que me representara plenamente. Los activistas son geniales pero los líderes y el hecho de contratar telemarketers para sacar más y más dinero de sus miembros son algo que apesta. Y en 2008 me puse a buscar por internet y encontré el mensaje a la Cienciología de Anonymous y me estalló la cabeza. Esto no es un hobby. Muchas veces dejé de juntarme con mi familia por esto. Además, siempre me interesaron las sectas. Y así empecé a entrar en contacto con gente de todo el mundo.
Así fue como Petete —el que no se lleva bien con los abogados, el que escribía cómics de chico, el que no quiere que lo describa— se convirtió en el protagonista de su propia historieta.
—Para mí el único enemigo de Anonymous es la cienciología. Hay otras organizaciones para combatir contra las corporaciones o por otras causas. ¿Por qué desaprovechar nuestro potencial de luchar contra algo contra lo que nadie lucha? La cienciología está más interesada en la guita que cualquier otra secta. Te separa de tu familia, de tus amigos. Es cierto que, muchas veces, no tener líderes nos juega en contra. ¿Que va ser lo siguiente? ¿Anonymous contra el capitalismo? Además, si un día volteás a Mastercard, al FBI, a Interpol y al día siguiente vuelven a estar online. ¿Cuál fue el cambio? ¿Demostrar que sos re pulenta para que después te metan en cana?
De repente, Petete dejó de esquivar mi mirada y reveló por qué recién ahora, después de dos años, había respondido mis mails.
— Dentro de poco va a haber una implosión.
Unas semanas después leí en un diario nacional que un supuesto grupo de Anonymous había protestado contra la tarjeta electrónica que permite, en Buenos Aires y alrededores, viajar en subte y en colectivo sin usar monedas. Decían que, en cualquier momento, el Estado puede rastrear qué hacen, dónde viajan los ciudadanos. Para ese grupo de Anonymous el enemigo era la tarjeta SUBE, y paradójicamente para demostrar cuan insegura es al guardar información de los usuarios, se dedicaron a publicar la información personal contenida en su base de datos, exponiendo a los usuarios como acusaban de hacerlo a la empresa.
Y no, las violaciones a los derechos humanos dentro de la secta "Iglesia de Scientology" no les importaba.
FUENTE:
http://www.revistaanfibia.com/cronica/anonymous-contra-todos-y-contra-nadie/pagina-1




