Mostrando entradas con la etiqueta federico kukso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta federico kukso. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de octubre de 2012

Anonymous, contra todos y contra nadie (revista digital "Anfibia" Mayo 2012)

Lunes 21 de Mayo de 2012

Guerrilleros de principio de milenio, no todos los anonymous sueñan con hackear el portal del FBI. Las células argentinas son un poco más modestas: luchan contra la Cienciología. Un cronista científico siguió durante dos años a los activistas digitales de la máscara de sonrisa siniestra y se sintió aliviado ante la imposibilidad de una ciberguerra.

Por: Federico Kukso

A las 16.41 de un miércoles de marzo de 2012, un mail hizo el viaje de su vida. Este conjunto de ceros y unos que muchos aún imaginan como una carta comenzó una peregrinación frenética por los servidores de todo el mundo. Salió de algún rincón de Buenos Aires, pasó por Puerto Alegre, Londres, Bangkok, Dallas, Palo Alto, y en menos de diez segundos aterrizó, por fin, en mi casilla de GMail.
Una palabra en el asunto del mensaje. Seis en el cuerpo.
“Hola, tanto tiempo. Tenemos que vernos”.
Y nada más.
Un mail más para borrar, pensé y vi la firma. “Petete”: una de las voces argentinas de Anonymous, una de las tantas caras detrás de la máscara sonriente de la película V for Vendetta, aquellos activistas insolentes, los enemigos a muerte de la iglesia/secta de la Cienciología conocida tanto por su adoctrinamiento de las estrellas de Hollywood como por su lavado de cerebros; llaneros solitarios que sacuden el mundo dentro y fuera de la Web y trazan la última línea de defensa contra la tiranía corporativa global de la secta "Iglesia de Scientology".
Después de dos años de no responder mis mails, de ignorar mis pedidos de entrevista, Petete tenía ganas de hablar conmigo.
“Cuando quieras”, escribí, “decime dónde y arreglamos”.
Send.
F5. Nada. La casilla no se actualizaba.
F5 otra vez.
Y otra.
Ansiedad.
Hasta que segundos después, un nuevo mail.
“En un bar donde se pueda fumar —decía—. O en algún lugar abierto. Quizás el Cementerio de la Recoleta, así le muestro a mi chica lugares de la ciudad. Es yanki. Es una ex-miembro de la Cienciología. La saqué de la secta hace un año”.
Una hora después, luego de atravesar media ciudad, los esperaba frente al cementerio.

***

En 2008, la palabra “anonymous” se repetía con insistencia en la web. No importaba dónde: en sitios porno, chats, páginas de juegos-online. Se venía la ciberguerra. De un lado, los apóstoles de la Cienciología, aquel cuestionado culto creado en 1952 por el escritor de ciencia ficción estadounidense L. Ron Hubbard, defendido por Tom Cruise y su séquito de celebridades. Del otro, un colectivo sin cabeza de hackers y ciberactivistas: los "Anonymous".
Meses después, en youtube apareció un video de dos minutos:



—Hola líderes de la Cienciología —decía una voz metálica, parecida a la emitida por el sintetizador de la silla del astrofísico Stephen Hawking—. Somos Anonymous. Durante años hemos observado sus campañas de desinformación, su supresión del disenso, sus videos propagandísticos en los principales medios. Anonymous ha decidido que su organización debe ser destruida por el bien de sus seguidores, por el bien de la humanidad. Los expulsaremos primero de la red y luego desmantelaremos su iglesia. No tienen dónde esconderse. Porque estamos en todos lados. Por cada uno de nosotros que caiga, diez más tomarán su lugar. Somos anonymous. Somos legión. Nosotros no perdonamos. Nosotros no olvidamos.

Protegidos detrás de sus máscaras de Guy Fawkes, aquel recordado católico inglés que en el siglo XVI intentó sin éxito hacer volar el Parlamento con explosivos y luego fue inmortalizado en la película anarco-futurista V de Vendetta, basada en el cómic de Alan Moore, los miembros de Anonymous parecían hablar en serio con el “Proyecto” u “Operación Chanology”, una campaña de ofensivas virales que sacudió y escandalizó la web.

Más que un video efímero, era una declaración de guerra seguida por envíos de faxes negros y ataques informáticos a los servidores del culto para sacarlos de línea. Todo orquestado virtualmente por este grupo polimorfo que había nacido en 2003 en el sitio 4chang.org. Consensuaban sus acciones en foros en los que cualquier participante podía proponer una acción que luego era refinada con miles de comentarios y votos de aprobación (+1) o de rechazo (-1).

¿Quiénes eran? ¿Qué querían? ¿De dónde habían salido? ¿Qué hacían en privado? ¿De qué se reían tanto?
Desparramé mails en foros secretos, y no tanto. En Whyweprotest.net y sitios no catalogados por Google y en callejones sin salida de la web local, con la misión de encontrar a alguien que formara parte y me explicara todo esto, cara a cara, café de por medio.
Ráfagas de mails.
Nada. Nadie contestaba.



Pero existían. El 2 de  febrero de 2008 Anonymous había hecho su primer coming out. Seguían un código de conducta de 22 reglas detalladas en el video de Youtube "Code of Conduct", entre las que se enumeraba “no violencia”, “no armas”, “no vandalismo”, “traer agua, un anónimo deshidratado no es un anónimo útil”, “cubra su cara”, “nunca esté solo”. Bajo esas reglas, 150 personas habían protestado frente a la Iglesia de la Cienciología en Orlando, Florida, Estados Unidos. Ocho días después, siete mil personas hicieron lo mismo en otras cien ciudades en todo el planeta. Con el sello visual y dramático que los distingue: la máscara de Guy Fawkes, la máscara de la sonrisa siniestra.

Finalmente, yo también pude comprobar su existencia. Un día de 2009 me llegó un mail sin palabras, sin imágenes. El mensaje sólo me incitaba a clickear sobre un link. No suelo hacerlo: pero lo hice. Una nueva página. Había encontrado el primer hilo de dónde tirar. Y tiré.

“Desde el comienzo de nuestra campaña, Anonymous ha revelado o expuesto a la luz pública cientos de actos ilegales, actividades fraudulentas y violaciones a los derechos humanos cometidos por la Iglesia de la Cienciología”, se leía en letras color verde Matrix sobre fondo negro. “A pesar de alegar ser una religión y funcionar como tal, se comporta extrañamente similar a lo que sería una empresa o secta. La Cienciología también ha sido implicada en numerosas fatalidades en cuanto a sus propios miembros, incluyendo el famoso caso de Lisa McPherson”.
La segunda pieza del rompecabezas. La segunda llave.

“Somos un colectivo de individuos unidos por ideas. Probablemente conocés a un Anonymous, aunque no sepas con exactitud quiénes somos. Somos tus hermanos y hermanas, tus padres e hijos, tus superiores y subordinados”, repetía con cierto aire al mítico Manifiesto Hacker escrito en 1986. “Somos los ciudadanos preocupados parados junto a vos. Anonymous está en todos lados y en ninguna parte. Nuestro número constituye nuestra fortaleza. Nuestra voluntad colectiva es la combinación de voluntades individuales. Nuestra mayor ventaja es el conocimiento de los principios fundamentales que compartimos como seres humanos. Este conocimiento es fruto de nuestro anonimato”.

En la Argentina, el debut social de Anonymus fue el sábado 14 de marzo de 2009. Poco tiempo antes la Cienciología había desembarcado en el país detrás de la Asociación Argentina de Comunicación y Cultura. El miércoles 11 recibí un mail en el que me anunciaban el evento. Sería a las tres de la tarde, en Ayacucho 1050, la sede local de Cienciología. El final del mail decía: “No me decepciones”.

Durante el viaje de ida me imaginé la escena. Cientos de hombres enmascarados alzando los brazos con pancartas, cámaras de televisión, la calle cortada, policías gordos transpirando a lo loco mientras contenían a la multitud, sirenas, olor a petardos y desesperación. El caos mismo. Nada de eso. Ni mil, ni cien, ni diez. Los Anonymous argentos eran cinco. Cuatro enmascarados (Petete, Caleb, Hombre sonriente y Anónimo) y una chica a cara descubierta llamada Lizzy. Ahí estaban, contra la sede local de Scientology.

Ni el kiosquero ni la verdulera de enfrente los vieron venir. Doblaron por la esquina, caminaron 50 metros y los cinco comenzaron, sincronizadamente, a repartir panfletos a los que pasaban por ahí.

De repente, Hombre Sonriente abrió su mochila y sacó dos aerosoles rojos con los que pintó las paredes con stencils mientras Petete y Lizzy se congelaban para retratar el momento en fotos que luego subirían a los foros de internet.

—¡Salgan de acá! Están en propiedad privada —gritó el presidente de la iglesia, Gustavo Libardi.
Y sin que nadie se lo preguntara, pareció empezar a defenderse.
— Lo único que nos interesa es ayudar a la gente. No tenemos otras motivaciones.Repartimos libros en la calle sobre la verdad de la droga. Y demostramos lo que hace el abuso psiquiátrico sobre las personas. No estamos en contra de la psiquiatría. Tenemos pruebas contundentes que los psicofármacos dañan.

Los gritos, los movimientos de cuerpos, las máscaras bigotudas de 90 pesos y un hombre desaforado de voz aflautada atrajeron la atención de los vecinos. ¿Una flashmob? ¿La grabación de una película? ¿Una manifestación algo tardía del carnaval? Los pocos y desconcertados taxistas y porteros que fueron testigos de la escena no deben haberlo entendido. Enseguida, luego de calurosos abrazos y palmadas en los hombros, los cinco miembros de Anonymous Argentina, ya se habían ido. Caminaban al grito de: ¡Epic win! ¡Epic win! Una especie de festejo, en un idioma privado.



Esa misma tarde aparecieron en América Noticias, que había cubierto el evento junto a mí, entonces trabajando para el desaparecido diario Crítica de la Argentina dirigido por Jorge Lanata. Pero no alcanzó para que muchos de los vecinos se enteraran de que había sido la primera vez que los cinco —ellos y ella— se veían cara a cara, después de horas de mails, chats, mensajes virtuales y firmas furtivas.

Ya sin la máscara, mientras cruzábamos la avenida Santa Fe en dirección al Burguer King de la esquina, después de pedirme que no los describiera, que no diera señas particulares ni nada que pudiera identificarlos, Hombre Sonriente me contó que se escribían con otros anonymous del mundo.

— No saben dónde queda Argentina pero nos creen cuando les decimos que estamos acá y que lo hicimos: Anonymous es como un cáncer que se desparrama.

Una vez que estuvimos sentados en las sillas del primer piso, Petete, treinta y pico de años, también se sacó la máscara y me contó que había sido oficinista y que ahora trabajaba de webmaster.

—Hicimos esto para que los vecinos supieran al lado de quiénes viven —me dijo mientras tomaba una Coca-Cola gigante—. La mayoría de las personas cree que es una religión cool, de las estrellas de Hollywood. Es cierto: todos, aunque tengan millones de dólares tienen necesidades afectivas. La Cienciología pega por eso: capta a la gente ofreciéndoles soluciones. Primero los reclutan con test de personalidad gratuitos. Mucha gente dice que sí y se sientan y les hacen 200 preguntas y les identifican sus puntos débiles para decirles que están enfermos o en problemas o con ganas de matarse. Te asustan y cuando te das cuenta ya estás adentro.

Después de hablar, antes de que pudiera hacerle preguntas, se levantó y me dijo que los disculpara, tenían que irse. Y se fueron.

***

Dos años después de esta tarde extraña, estaba en el cementerio de Recoleta.

Mientras lo esperaba pensé si Petete querría usarme como portavoz para salir en los medios, si buscaba adoctrinarme o sumarme a las filas de la versión local de Anonymous. Ganas no me faltaban.

En estos dos años, los enemigos de Anonymous se habían multiplicado y diversificado. Los miembros de la organización habían sido acusados de piratas y ciber-terroristas, antes y después de unirse a las protestas globales contra la ley estadounidense antipiratería SOPA. Tras el cierre del sitio Megaupload, gente que dice ser Anonymous atacó a las discográficas “para que aprendieran”. Luego del escándalo de WikiLeaks, varios de sus miembros tumbaron los sitios web del Departamento de Justicia de Estados Unidos, la CIA y el MI6. Y en sintonía con los Indignados españoles y los okupas de #OccupyWallStreet hicieron tambalear a la Bolsa de Nueva York, amenazaron con cerrar Facebook y colapsaron la web del Vaticano. En algo más de dos años, Anonymous había mutado. Se había convertido en otra cosa.

—Nos volvemos a ver —dijo detrás de mí una voz. La misma voz de “¡Epic win! ¡Epic win!”.

Era Petete, sin la máscara de Guy Fawkes pero escondido detrás de unos anteojos negros parecidos a los de Cyclops en las películas de los X-Men. Y su novia.

No recuerdo lo primero que le pregunté. Sé que no fue su nombre o su teléfono. No iba a respondérmelo.

—¿Qué va a ser off the record y qué no? —me dijo—. Ojo, de mí no quiero contarte nada. Decí que mido dos metros, soy rubio y tengo músculos.

Petete no mide dos metros, no es rubio y no tiene músculos.
Se sentó en un banco ubicado frente al primero de los muchos arcángeles del recorrido. Se acomodó la riñonera y con el cigarrillo entre los dientes empezó a susurrar.

—Los pibes que conociste en 2009 fueron mi primera célula, la primera generación —dijo—. Al poco tiempo tuvimos problemas internos. Problemas de egos. Empezamos a chocar entre nosotros y pasaron a atacarme a mí y a otros en vez de luchar contra la secta. Hice un movimiento y con gente de otras partes del mundo le hicimos el vacío a un par de miembros. Y desaparecieron. Yo seguí trabajando: investigando, traduciendo, poniendo cosas en internet. Por eso me dicen Petete: mi misión es informar. A fines de 2010 volvimos como célula con más gente. Y eso que no es fácil conseguir nuevos integrantes.

Petete me contó que lo suyo se trataba de una segunda ola. A meses de la ofensiva viral de Anonymous en 2008, en la Argentina un usuario llamado Zambanón había intentado hacer una protesta contra la Cienciología. Nadie sabe qué pasó: no pudo reclutar a nadie pese a promesas de asistencia en internet, fue solo y salió mal. Petete intentó ubicarlo al saber de su existencia tiempo después pero no tuvo éxito.

—Yo lo primero que hice cuando descubrí Anonymous fue ver si alguien lo había intentado hacer en Argentina —me dijo— ¿Cómo se prepara esto acá? ¿Existe esto acá?, me pregunté. Este flaco, Zambanón, pobre, había intentado iniciar la movida pero no había podido juntar a nadie. Intenté reclutarlo pero ya estaba inactivo.

Un gato se nos cruzó en el camino. Petete suspiró.

— Yo vi a Anonymous nacer. Ahora todo es muy distinto. Antes muy pocos me escribían. Ahora todos los pendejos que se creen hackers me contactan para sumarse al grupo. Los sondeo. Tengo un instinto afilado. Algunos suenan muy espía. Llegué a pedir número de DNI. Siempre están los que se ponen agresivos. Algunos se quedan por un tiempo. Otros van y vienen. Otros van más a protestas. Están los que prefieren actuar en internet. El perfil es muy diverso. Hay quienes estuvieron en la secta y lograron salir. También hay muchos que quieren formar parte de Anonymous por una cuestión de moda, como los nenitos que quieren ser hackers y después terminan metiéndolos en cana.
—¿Cómo? ¿Vos no sos hacker? —pregunté.
—No. Hice cositas en la época de los bbs, en la prehistoria argentina de internet, pero nunca fue lo mío. Desde febrero de 2008 cuando empezó como movimiento activista, Anonymous dejó claro que no era un grupo de superhackers. Por entonces Mark Bunker, periodista ganador de un Emmy, miembro de la "vieja guardia" anti-Scientology, hizo un video mensaje para Anonymous diciendo: "Muchachos, si hackean los van a meter a todos en cana y van a ensuciar el nombre de Anonymous. ¿Por qué, mejor, no hacen protestas e informan al mundo?".


Un video de Anonymous llamado "Call to action" también lo aclaraba: "No sólo somos un grupo de superhackers —decía—. Anonymous es un colectivo unido por la idea de que alguien debe hacer lo correcto, que alguien debe traer luz a la oscuridad, que alguien debe abrirle los ojos a la opinión pública. Queremos que se conozcan los peligros de la cienciología. Queremos que se sepa de la explotación infantil en sus gulags. Queremos que se conozcan los intentos de la cienciología de infiltrarse en el gobierno de Estados Unidos".


Petete es uno de los muchos miembros con verdadera militancia no-hacker de Anonymous Argentina y del mundo.

— Cada vez que salía un grupito hackeando o metiéndose en política dejábamos en claro que ellos no pertenecían a nosotros —dijo Petete.

A fines de 2010, cuando metieron preso al periodista y programador australiano Julian Assange aparecieron grupos de Anonymous que comenzaron a hackear a mansalva. El caso Wikileaks prendió la mecha en el grupo. Se declararon enemigos de los enemigos de Wikileaks y tumbaron a todos los que negaron su apoyo a Assange, como Visa, Mastercard, PayPal o Amazon.

—¿Viviste eso como una ciberguerra? ¿Qué se te pasó por la cabeza?
—Qué se yo. Anonymous se empezó a meter en un montón de "causas nobles". Pasando de repente a usar todo lo que habíamos dejado atrás porque no lo creíamos conveniente, porque era ilegal y manchaba al grupo. Mucha gente comenzó a sospechar y a decir, como yo, que esos no eran Anonymous. Otros, en cambio, no lo vieron como problema; vieron bien que Anonymous se ampliara sin darse cuenta que así perdíamos fuerza.

Una mujer me preguntó algo. Ellos siguieron caminando. Los perdí de vista. Pensé que se habían ido.

— ¿Sabés dónde está la tumba de Perón? —me gritó Petete de lejos.

Luego de alcanzarlos, le pregunté si había advertido algún cambio interno en Anonymous, una especie de golpe de estado desde el último cambio de rumbo.

—No. Anonymous no es organización piramidal o jerárquica donde se bajan órdenes. No hay líderes. Funcionamos en células independientes. Hasta fines de 2010 éramos un colectivo más homogéneo. En una conferencia, Gregg Housh, uno de los fundadores de Anonymous, dijo que la espada de doble filo de Anonymous es que cualquiera se puede calzar la máscara e izar la bandera y hacer cualquiera en nuestro nombre. Por como yo veo la cosa ahora, para mí hay desde grupos políticos tomando desde adentro a Anonymous hasta infiltrados de la Cienciología, nuestros grandes enemigos, que buscan destruirnos.

Frente a la tumba de Aramburu recordé haber leído en alguna parte que en 2011 habían surgido otros grupos locales de Anonymous.

—Sí —respondió Petete—. Nunca nos contactaron, cosa que es misteriosa, pero desde el principio nos robaron logos. Algunos nos linkean pero mezclando con ataques que no tienen nada que ver con nosotros. A mí me suena más a algo armado, para ensuciarnos. No sé. La verdadera lucha es contra la Cienciología. Para mí es contraproducente lo que hacen otros grupos de Anonymous en el mundo. No me parece activismo hackear sitios. No cambiás nada con eso. Te exponés a que te pongan en cana. ¿En España en febrero de este año y el anterior a cuántos perejiles atrapó la policía?

La respuesta: la policía detuvo a cuatro miembros del grupo en el marco de la operación internacional "Exposure". En América Latina fueron acusados otros 21 ciberactivistas de ser los presuntos responsables de ataques a páginas webs de partidos políticos, instituciones y empresas.

—No es cuestión de decirles: 'Chicos, sean buenos, no hackeen'. Cada vez se ponen objetivos más altos, más locos: hackear a la CIA, al FBI, Interpol. Y después caen. Por otro lado, no faltan los que quieren hacer plata con publicidad en sus sitios web o vendiendo máscaras mal hechas y feas.

La fuerza que mueve a Anonymous es la indignación. La voluntad por hacer lo justo cuando la justicia global parece haber fracasado. Pregunté si sus amigos sabían algo de su doble vida.

—Algo —contestó—. Saben partes. Pero mucho no lo entienden. Pasé por Greenpeace pero nunca sentí que fuera una causa que me representara plenamente. Los activistas son geniales pero los líderes y el hecho de contratar telemarketers para sacar más y más dinero de sus miembros son algo que apesta. Y en 2008 me puse a buscar por internet y encontré el mensaje a la Cienciología de Anonymous y me estalló la cabeza. Esto no es un hobby. Muchas veces dejé de juntarme con mi familia por esto. Además, siempre me interesaron las sectas. Y así empecé a entrar en contacto con gente de todo el mundo.

Así fue como Petete —el que no se lleva bien con los abogados, el que escribía cómics de chico, el que no quiere que lo describa— se convirtió en el protagonista de su propia historieta.

—Para mí el único enemigo de Anonymous es la cienciología. Hay otras organizaciones para combatir contra las corporaciones o por otras causas. ¿Por qué desaprovechar nuestro potencial de luchar contra algo contra lo que nadie lucha? La cienciología está más interesada en la guita que cualquier otra secta. Te separa de tu familia, de tus amigos. Es cierto que, muchas veces, no tener líderes nos juega en contra. ¿Que va ser lo siguiente? ¿Anonymous contra el capitalismo? Además, si un día volteás a Mastercard, al FBI, a Interpol y al día siguiente vuelven a estar online. ¿Cuál fue el cambio? ¿Demostrar que sos re pulenta para que después te metan en cana?

De repente, Petete dejó de esquivar mi mirada y reveló por qué recién ahora, después de dos años, había respondido mis mails.

— Dentro de poco va a haber una implosión.
— ¿Una implosión?
— Sí. En cualquier momento, Anonoymous va a explotar desde adentro. Y va a quedar lo que Anonymous originalmente fue: Chanology, o sea, la lucha contra la Cienciología. Estos movimientos de “hackear a Dios” van a terminar desapareciendo. Van a ser limpiados naturalmente. Y Anonymous volverá a ser un grupo de activistas que es lo que creo que hace de Anonymous algo distinto. Pero qué se yo. Quizás deba ocurrir.

Unas semanas después leí en un diario nacional que un supuesto grupo de Anonymous había protestado contra la tarjeta electrónica que permite, en Buenos Aires y alrededores, viajar en subte y en colectivo sin usar monedas. Decían que, en cualquier momento, el Estado puede rastrear qué hacen, dónde viajan los ciudadanos. Para ese grupo de Anonymous el enemigo era la tarjeta SUBE, y paradójicamente para demostrar cuan insegura es al guardar información de los usuarios, se dedicaron a publicar la información personal contenida en su base de datos, exponiendo a los usuarios como acusaban de hacerlo a la empresa.

Y no, las violaciones a los derechos humanos dentro de la secta "Iglesia de Scientology" no les importaba.

FUENTE:
http://www.revistaanfibia.com/cronica/anonymous-contra-todos-y-contra-nadie/pagina-1

lunes, 10 de mayo de 2010

Parte de la religión. Homenaje y apoyo de Anonymous Argentina a Charly García.


Tras aprender algo de edición de video, a principios de Marzo de este año, poco antes de cumplirse un año de la primera protesta que hicimos contra la Iglesia de Scientology, por esas cosas de la vida o el destino volví a escuchar después de cierto tiempo "Parte de la religión", canción de Charly García del brillante álbum homónimo, y se me disparó la idea de este video.

Escuchaba la letra y no sólo parecía que Charly estaba hablando de esta secta, sino de cada uno de los cinco que un año atrás decidimos aguarles el aniversario del nacimiento de su mesías L. Ron Hubbard con un pequeño pero eficiente y exitoso escrache. Era una buena oportunidad para hacer mi primer video y no solo hacerlo sobre esta falsa religión sino para homenajear al gran Charly García, que tanto placer nos dio siempre con su arte, su sensibilidad y su talento. Era también una buena oportunidad para apoyarlo ante las críticas despiadadas de quien, irónicamente, representa en argentina lo que dice ser una religión que cree en el bien inherente del hombre, pese a profesar interna y secretamente -como buena secta- lo contrario.

En el año 2008, Federico Kukso, periodista del diario Crítica de la Argentina (quien un año después cubriría nuestra protesta realizando la nota que pueden ver abajo en la entrada anterior), había escrito la que creo que fue su primera nota sobre Scientology, luego de cuya publicación en el sitio web del diario, como una desagradable sorpresa, empezaron a proliferar los comentarios de Gustavo Adolfo Libardi, posteando repetidas veces, con distintos nombres, como si fuera distintas personas que mantenían el mismo discurso mediocre y zombie (que en definitiva todos los integrantes de esta secta poseen). El líder de lo que dice ser una ciencia y a la vez una religón (búsquenle el sentido si tienen ganas), que se vanagloria de ser "La nueva ciencia de la salud mental" a la vez que despotrica contra la psiquiatría, asumiendo distintas personalidades... ¿Esquizofrenia? Cómico por donde se lo quiera ver, sino fuera porque causan miles de muertes desde mediados del siglo pasado en todo el mundo.

Algún tiempo después vería que Libardi acostumbraba comentar en notas del sitio web del diario Crítica. Paradójicamente, en marzo de 2009 le diría a Kukso que no pensaba hablar con él por no estar de acuerdo con la ideología de su diario y de su director (Jorge Lanata). Contradictorio, y tan poco democrático como su "religión". Y al igual que ésta, aprovechando las ventajas, la libertad de expresión que la democracia brinda, pero suprimiéndolas para el resto, incluyendo un periodista del mismo diario donde solía comentar.

Paradójico, gracioso y patético fue también encontrar un comentario en donde amenazaba nada sutilmente con demandar si no se le daba un derecho a réplica, diciendo "recuerden el juicio contra el Time"... como si lo hubieran ganado. Se refería a una nota publicada en la revista Time en 1991 llamada "Scientology. The Thriving Cult of Greed and Power" (Scientology. La Próspera Secta de la Codicia y el Poder), por la cual Scientology demandó a dicha publicación en cientos de millones de dólares, solo logrando que la causa fuera finalmente desechada. Pero bueno, en las escrituras de Scientology, de pluma del mismo Hubbard, hay frases que justifican esta actitud "Nunca defiendas, siempre atacá", o "La única forma de manipular a la gente es mintiéndole". Lindas enseñanzas las de esta religión...

Si bien todo esto me dejó claro la clase de persona que era este Libardi antes de conocerlo personalmente y confirmarlo, lo que me desagradó especialmente fue ver un comentario suyo en una nota de Crítica donde se hablaba de la recuperación de Charly García de su adicción a las drogas, que en gran parte es debida a la psiquiatría. Ahí salió Libardi a hablar de la industria farmacéutica que mata en vez de curar, que las drogas psiquiátricas son peores que las drogas ilegales, y toda la sarta de pelotudeces enajenadas que los miembros de esta secta repiten palabra por palabra alrededor del mundo.

Lejos de alegrarse por la recuperación de uno de nuestros músicos más talentosos, Libardi parecía enfurecido, y le auguraba un futuro de ruina, sólo por haberse puesto en manos de psiquiatras (que esta secta, que cree en extraterrestres y masacres ocurridas hace millones de años, ve como siniestros, y a los cuales culpa desde ser causantes del Tercer Reich, hasta del atentado contra las Torres Gemelas).

Y bueno, como dije antes, volví a escuchar "Parte de la religión", y el videoclip nació en mi cabeza. Puse manos a la obra rápidamente y lo hice. Algo después hice una versión subtitulada en inglés para los Anonymous de habla anglosajona, que gustó mucho y sirvió para que quienes no sabían nada de él, conocieran a Charly García.
Espero que lo disfruten.
Y recuerden...

Somos Anonymous.
Somos Legión.
Nosotros no perdonamos.
Nosotros no olvidamos.
Espérennos.

jueves, 6 de mayo de 2010

Cobertura de la 1ra Protesta de Anonymous Argentina a Scientology en "C actualidad a Diario" del Domingo 22 de Marzo de 2009

(CLICK PARA AGRANDAR)

El domingo 22 de Marzo de 2009, ocho días después de la primera protesta de Anonymous Argentina contra la secta destructiva "Iglesia de Scientology" y de la emisión televisiva de la cobertura de América Noticias, salió publicada la cobertura periodística de Federico Kukso y su fotógrafo Diego Sandstede en "C actualidad a Diario", la revista dominical del diario Crítica de la Argentina (en aquél momento dirigido por Jorge Lanata).

Como dije en la entrada anterior, Kukso y Sandstede llegaron antes que comenzara la protesta, eso es lo que llamo profesionalismo.
Los integrantes de esa pequeña pero potente y loca célula Anon nos habíamos reunido en Plaza Hussay una hora antes para una charla y planeamiento de último momento, para después poner rumbo hacia la org de la secta y dar comienzo al raid. Cuando llegamos y vimos a dos tipos apoyados de espalda contra la entrada del edificio nos sorprendimos no muy gratamente, ya que no sabíamos si no eran scilons esperándonos, y que pasaría si ése era el caso. Pero no lo fue.

Federico nos preguntó si éramos de Anonymous (ya que todavía no nos habíamos puesto las máscaras, la adrenalina nos hizo ser descuidados en ese sentido, pero afortunadamente sin consecuencias), le contestamos que si. El se presentó y preguntó "¿Con cuál de ustedes hablé?". "Conmigo", le dije. "¿Vos sos Petete?". Le dije que si, y me puse mi máscara junto con el resto. Nos preguntó si queríamos ir haciendo las fotos y ahí empezó todo. Después repartiríamos panfletos, llegaría Luciana Arias de América Noticias con su camarografo, Libardi tratando de echarnos sin éxito, la policía llamada por los scilons, tratando de echarnos, sin éxito, y todo lo que ya conocen por mi anterior relato y la cobertura televisiva.

Al finalizar nos fuimos con Kukso a tomar algo, a festejar junto a él y darle la entrevista (que pueden leer cliqueando las páginas de arriba, o un poco más abajo sólo en texto), jugosamente escrita y reflejada por él en la revista.

Mientras preparamos el próximo escrache, acá tienen mas información e historias del primero.
Espero que lo disfruten.
Nos vemos pronto.

Somos Anonymous.
Somos Legión.
Nosotros no perdonamos.
Nosotros no olvidamos.
Espérennos.

ESCRACHE A TOM CRUISE

POR FEDERICO KUKSO

FOTOS DIEGO SANDSTEDE

Una de las batallas más activas de la web es la que libra el grupo Anonymous contra la iglesia de la Cienciología, cuyo miembro más famoso es el actor norteamericano Tom Cruise. En Buenos Aires son cinco guerreros que protestaron con caretas en la puerta de la sede local del culto.

En sus flamantes veinte años, la Web dio para todo. Curiosamente, Internet y la Web se desplazan sobre una paradoja. La red nació en los sesenta como un salvavidas ante las guerras y ahora las fomenta: más que la excepción, los conflictos bélicos virtuales son la regla. En la actualidad, hay fundamentalmente dos grandes contiendas: las Wikiwars, esto es, una guerra sin fin por el sentido en la que el campo de batalla es la enciclopedia virtual creada por Jimmy Wales, Wikipedia, y otros sitios poblados de definiciones. Los contendientes son grupos de hackers –israelíes, iraníes, paquistaníes, palestinos– que en vez de cruzarse balas y misiles tienen como misión reescribir la historia ajena como si al hacerlo borrasen físicamente a su enemigo del mapa.Y la segunda, un choque mucho más invisible y estratégico al estilo TEG: la ciberguerra entre los apóstoles de la Cienciología –aquel cuestionado culto creado en 1952 por el escritor de ciencia ficción estadounidense L. Ron Hubbard y tan defendido por Tom Cruise– y un colectivo sin cabeza de hackers y ciberactivistas llamado simplemente Anonymous.

El 21 de enero de 2008 fue su día-D. Aunque en vez de desembarcar en Normandía, desembarcaron en Youtube con lo que se conoce como Proyecto u Operación Chanology, una campaña de video-ofensivas virales contra lo que, a su parecer, significaron actos de censura en la red: el cierre compulsivo de sitios opositores a la Cienciología invocando la ley del copyright (el nombre "scientology" y todos sus simbolismos son marcas registradas) y la sospechosa desaparición de un video interno de reclutamiento –http://fon.gs/cruise– donde se ve a un Tom Cruise sacado, hablando como nunca se lo vio sobre sus creencias y sobre cuán especial es un cienciólogo.

El primer video-reacción de este grupo sin líder y sin país de origen –Message to Scientology– dura 2.03 minutos y fue reproducido más de tres millones de veces ( http://fon.gs/anonymous1 ). "Hola líderes de la Cienciología –dice una voz metálica, parecida a la emitida por el sintetizador de la silla mecánica del astrofísico Stephen Hawking–. Somos Anonymous. Durante años hemos observado sus campañas de desinformación, su supresión del disenso, sus videos propagandísticos en los principales medios. Anonymous ha decidido que su organización debe ser destruida por el bien de sus seguidores, por el bien de la humanidad. Los expulsaremos primero de la red y luego desmantelaremos su iglesia. No tienen dónde esconderse. Porque estamos en todos lados. Por cada uno de nosotros que caiga diez más tomarán su lugar. Somos anónimos. Somos una legión. No perdonamos. No olvidamos".

Fue una declaración de guerra –más simbólica que física como luego aclararían– inmediatamente seguida por otra ráfaga de cibermisiles: la difusión de documentales por P2P (como The Authorities), envíos de faxes negros y ataques informáticos a los servidores del culto para sacarlos de línea. Todo orquestado virtualmente, a través de foros ( http://forums.whyweprotest.net/ ), Facebook y sitios wiki como http://non.violentuprising.com/ , y http://partyvan.info.nyud.net/ en los que cualquiera puede proponer una acción que luego es refinada con miles de comentarios.

Si la primera pregunta es "¿quiénes son?", la segunda es "¿por qué lo hacen? " Ellos responden en Whyweprotest.net: "Desde el comienzo de nuestra campaña, Anonymous ha revelado o expuesto a la luz pública cientos de actos ilegales, actividades fraudulentas y violaciones a los derechos humanos cometidos por la Iglesia de la Cienciología –arremeten–. A pesar de alegar ser una religión y funcionar como tal, se comporta extrañamente similar a lo que sería una empresa o secta. La Cienciología también ha sido implicada en numerosas fatalidades en cuanto a sus propios miembros, incluyendo el famoso caso de Lisa McPherson".

Y si alguien no entendió, repite una y otra vez el mensaje en su sitio españolizado: "Somos un colectivo de individuos unidos por ideas.

Probablemente conoces a un Anonymous, aunque no sepas con exactitud quiénes somos. Nuestro número constituye nuestra fortaleza.

Nuestra voluntad colectiva es la combinación de voluntades individuales. Nuestra mayor ventaja es el conocimiento de los principios fundamentales que compartimos como seres humanos. Este conocimiento es fruto de nuestro anonimato".

En el segundo video divulgado, Call to action ( http://fon.gs/call ), aclaran: "No sólo somos un grupo de superhackers. Anonymous es un colectivo unido por la idea de que alguien debe hacer lo correcto, alguien debe traer luz a la oscuridad, alguien debe abrirle los ojos a la opinión pública. Queremos que se conozcan los peligros de la Cienciología. Queremos que se sepa de la explotación infantil en sus gulags. Queremos que se conozcan los intentos de la Cienciología de infiltrarse en el gobierno de Estados Unidos".

Y entonces, lo que hasta ahí fue (y es) un fenómeno de aquellos conocidos como "inteligencia colectiva" o "inteligencia emergente", el 2 de febrero de 2008 cobró cuerpo y salió a la calle: siguiendo un código de conducta de 22 reglas detalladas en el video de Youtube, Code of Conduct ( http://fon.gs/anonymous2 ) como "no violencia", "permanecer en propiedad pública", "no armas", "no vandalismo", 150 personas se juntaron de la nada y protestaron frente a la Iglesia de la Cienciología en Orlando, Florida, Estados Unidos. Ocho días después, siete mil personas hicieron lo mismo en otras cien ciudades en todo el planeta. Con el sello visual y dramático que los distingue: la máscara de Guy Fawkes, aquel recordado católico inglés que en el siglo XVI intentó sin éxito hacer volar el Parlamento con explosivos y luego inmortalizado en la película anarcofuturista V de Vendetta, basada en el cómic de Alan Moore.

La confrontación es sobre todo un choque entre dos poderes: el poder informático de Anonymous y el poder económico de la Iglesia de la Cienciología (proveniente del dinero que los feligreses deben aportar en el camino ascendente de su "crecimiento espiritual").

Obviamente, los cienciólogos respondieron. En Youtube expusieron los nombres y apellidos de algunos de los miembros de Anonymous, y también se los ridiculiza. Pero sobre todo, los cienciólogos se victimizan. "Anonymous es un grupo de ciberterroristas que se esconden tras máscaras y anonimato informático –salieron a decir–. Anonymous está cometiendo crímenes de odio por ninguna otra razón que intolerancia religiosa. Sus supuestos propósitos altruistas no son diferentes que los que se oyen de cualquier grupo terrorista. No somos los primeros que han sido su objetivo. Anonymous ha proclamado públicamente que sus guías de instrucciones son El Manifesto Comunista y Mein Kampf de Adolf Hitler".

La cruzada (o la "Segunda Guerra de Internet") ya engendró sus personajes. Como Angry Gay Pope: de estilo gritón, descarado y acusador, fue banneado de Youtube. Es muy polémico por sus métodos y acciones, lo que hizo que dejara de ser precisamente anónimo. O el inglés Stuart Wyatt: ex cienciólogo; sufre esclerosis múltiple, se mueve en un scooter porque no puede caminar solo. No está activo en la actualidad. Y el periodista Mark Wise Beard Man Bunker quien ganó un Emmy por su trabajo de investigación sobre esta Iglesia. Nunca fue un Anonymous pero fue él quien encarriló de alguna manera al movimiento, que nació caótico, con hackers volteando sitios y haciendo llamadas amenazantes.

A las decenas de protestas globales ahora se le deberá agregar un nuevo capítulo: el argentino. Porque así como la Cienciología llegó al país detrás de la Asociación Argentina de Comunicación y Cultura (www.scientology-bue.com.ar) y fue reconocida recién en diciembre del año pasado como religión, también desembarcó Anonymous.

Ni mil ni cien ni diez: por ahora, que se sepa, son tan sólo cinco. Los suficientes como para organizar una protesta contra la sede local de la Iglesia liderada por David Miscavige, ahora desaparecido.

Fue el sábado 14 de marzo exactamente a las tres de la tarde en Ayacucho 1050. Ni el kiosquero ni la verdulera de enfrente los vieron venir: cuatro enmascarados (Petete, Kaleb, Hombre sonriente y Anónimo) y una chica a cara descubierta (Lizzy), que doblaron por la esquina para caminar cincuenta metros y comenzar a repartir panfletos. Era un acto de protesta distinto a todo escrache antes visto. No sólo por su número reducido –que aun así produciría bastantes ajetreos–, sino por su ribete escénico: las máscaras de Guy Fawkes, los stencils, las fotos para subir a los foros, que antecedieron a la salida casi intempestiva del presidente de esta iglesia, Gustavo Libardi, quien se abrió camino entre tanto cartel en la entrada que tentaba: "Para mejorar las relaciones familiares", "La respuesta a las drogas", "Respeto hacia sí mismo y hacia los demás".

"¡Salgan de acá! Están en propiedad privada", arremetió primero nervioso para calmarse luego al ver que una cámara se encendía y una cronista le acercaba un micrófono. "Lo único que nos interesa es ayudar a la gente. No tenemos otras motivaciones. Quizás haya imágenes prejuiciosas ante las religiones –afirmó viendo a lo lejos a dos policías que anteriormente había llamado–. Repartimos libros en la calle sobre la verdad de la droga. Y demostramos lo que hace el abuso psiquiátrico sobre las personas. No estamos en contra de la psiquiatría. Tenemos pruebas contundentes de que los psicofármacos dañan. El diagnóstico psiquiátrico habla de cosas que no existen. Hay un gran fraude. La psiquiatría nunca pudo probar el desequilibrio químico".

Y así como l legaron, los cinco miembros de Anonymous Argentina se fueron.

No aparecieron en los diarios, ni los llamó la televisión, por este escrache a la Iglesia de la Cienciología en el aniversario del nacimiento de su fundador, L. Ron Hubbard, quien hubiera cumplido 98 años. De hecho, casi nadie sabe que existen o lo que hicieron. Sin embargo, ellos –que recién se conocen cara a cara entre sí– están contentos. Ahora, con la protesta atrás –fotografiada, grabada, registrada– reflexionan. Se miran y festejan en su idioma privado: "¡Epic win!", "¡Epic win!".

Entre felicitaciones, abrazos y palmadas en el hombro, los Anonymous recuerdan que no son los primeros. "Somos más bien algo así como una segunda ola –advierte quien se hace llamar Petete mientras se da vuelta una y otra vez para cerciorarse de que nadie lo escucha ni sigue–. A los meses de comenzado el tema Anonymous, el año pasado en Estados Unidos, descubrí que había un usuario llamado Zambanon acá en la Argentina que había intentado hacer una protesta. No sabemos cómo terminó: si fue él solo o si salió mal. Intenté ubicarlo y no tuve éxito. Hace un mes me metí en un foro de Why we protest y para mi sorpresa vi que había alguien de Argentina, Lizzy. Con ella armamos esto".

"Nos escribimos con otros Anonymous del mundo –asiente–. No saben dónde queda Argentina pero sí creen cuando les decimos que estamos acá y que lo hicimos: porque Anonymous también es como un cáncer que se desparrama", dice Hombre sonriente.

"Hicimos esto para que los vecinos sepan al lado de quiénes viven –sigue el verborrágico y adrenalínico Petete–. La mayoría de las personas cree que es una religión cool, de las estrellas de Hollywood. Todos, aunque tengan millones de dólares, tienen necesidades afectivas. La Cienciología pega por eso: capta a la gente ofreciéndoles soluciones. Primero los reclutan con test de personalidad gratuitos. Les hacen 200 preguntas, identifican sus puntos débiles para después decirles que están enfermos, o en problemas o con ganas de matarse. Te asustan y cuando te das cuenta ya estás adentro".

"¡Y no es más que ciencia ficción berreta!", retruca Anónimo, antes de mirar la hora y comprobar que el vaso XL de Coca-Cola comienza a secarse. "Bueno, che, me voy. ¡Nos vemos en Youtube!".